EL PODER DEL NOMBRE PROPIO

-Hola mucho gusto, yo soy Carlos.

-mucho gusto Carlos, ya nos habían presentado anteriormente.

– ¿enserio? A si es cierto es verdad te llamas….nos presentó Fernando ¿correcto?

– así es, me llamo Manuel.

Así fue la primera de dos pláticas que tuve con Manuel esa noche.  Aquel momento fue uno ciertamente vergonzoso pero que no había sido más allá de eso, total a quien no le ha pasado.

Avanzada la noche y ya con unas cervezas encima Manuel y yo entablamos una segunda conversación. Después de hablar de política, religión y otros temas que rara vez se hablan en una borrachera (léase sarcásticamente) Manuel se acercó a mí y me dijo:

-Si no hubiera sido porque hemos convivido toda la noche pensaría que eres muy molesto y arrogante. (Palabras más palabras menos)

No seas simple- replique-. Sólo porque se me olvido tu nombre, a todos nos ha pasado.

– Si a todos nos ha pasado pero no cuando ya nos han presentado TRES veces

TURN DOWN

En ese momento me llegó de golpe el recuerdo de todas las ocasiones anteriores donde efectivamente ya me habían presentado a Manuel y yo cada vez que lo veía seguía presentándome como si fuera la primera vez. Sentía a la monja de Game of Thrones persiguiéndome.

SHAME

Ahora si la vergüenza fue más grande, acepte mi error, pedí una disculpa, le di play al iPod y la noche siguió.

Hoy en día tengo una muy buena amistad con este… este guey…aghh como se llamaba… aaa sii Manuel… pero quedó muy grabado en mi memoria sus palabras y por eso es que a partir de ese suceso propuse aprender y recordar cada uno de los nombres de las personas que voy conociendo u o interactuó de alguna manera.

Por ejemplo, la mayoría de las mañanas paso por un café antes de ir a trabajar. Procuro ir siempre al mismo establecimiento que es el que queda de pasada a la oficina y comúnmente me atienden: Oscar y Dulce. Cada que llamó a Oscar o Dulce por su nombre propio su servicio y semblante son mejores que cuando no los llamo por su nombre. Te invito a que hagas la prueba con cualquier persona que te atienda regularmente y sentirás la diferencia. Es una manera de darle un reconocimiento a su servicio, ya se los platicaba en el post de “La Flor”.

Recientemente he leído sobre el tema y resulta que es una práctica excelente. Dale Carnegie en su libro “How to Win Friends and Influence People” menciona que personajes históricos como el presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt o el líder revolucionario francés Napoleón Bonaparte deben gran parte de su éxito al trato que tenían con la gente y una de sus claves era el recordar cada uno de los nombres de las personas con las que interactuaban.  No es que el recordar el nombre por si te traerá éxito seguro, seguramente no, pero es una herramienta que te acerca a las personas, que las hace sentirse importantes, reconocidas y por lo tanto empáticas hacia ti.

“nada le gusta más a la gente que oír su propio nombre, los hace sentirse halagados”… Daniel Carnegie

Incluso la  medicina lo respalda. En un estudio realizado en el año 2007 por Dennis P. Carmody y Michael Lewis en la Universidad de Medicina de New Jersey se encontró  a través de la resonancia magnética que el hemisferio izquierdo del cerebro reacciona distinto cuando las personas escuchamos nuestro propio nombre a diferencia de escuchar cualquier otro nombre. Este movimiento encontrado se dice puede estar relacionado con el sentimiento de placer.

Y ¿cómo puedo recordar el nombre de las personas?

Cuántas veces no te ha pasado que te presentan a alguien y que al cabo del finalizar la plática unos minutos después no recuerdas su nombre? Seguramente algunas.  A mí como podrán ver me pasaba muy seguido y más de una vez, y más de dos veces, y más de tres veces, y más de tres veces con la misma persona…. Si si ya se ya se ya me disculpe… pero a partir del suceso y su estudio he mejorado muchísimo en esto.  No tengo una fórmula mágica para recordar el nombre de todos ni creo que exista alguna, pero lo que a mí me ha funcionado son las siguientes técnicas:

  1. Trato de resaltar un rasgo físico característico o peculiar de esa persona el cual al acordarme de él me sea más fácil acordarme de su nombre:

Cristian “el de los aretes en la nuca”

Lupita “la del bigote peculiar”

TIP: guárdate para ti mismo los rasgos encontrados. No intentes saludar con un “Hola cómo estás lupita, ¿cómo va el bigote? Es sólo para tu uso propio y memoria.

 

  1. Encontrar la similitud de esa persona con alguna otra muy familiar para mí o alguna persona famosa, les pongo el ejemplo con mi foto:

 foto

Carlos “El David Beckham mexicano”

Otro ejemplo:

bark

Jacinto “el que se parece a ______”

 

Las similitudes son obvias ¿no crees?

 

Por cierto acertaste, si se parece a Obama.

Espero te sean de ayuda mis técnicas. Cuando olvides aplicar esta técnica sólo recuerda el nombre EFECTO MANUEL, te acordarás que querrás evitar por lo que yo pase y ya no olvidarás el nombre de las personas.

 

Referencias:

 

2 comentarios en “EL PODER DEL NOMBRE PROPIO

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