La Tusa: Pienso, digo, hago.

Hace unos meses, cuando recién empezaban los tiempos pandémicos en los que nos encontramos, mi novia, Paulina, se acercó conmigo y me confesó que tenía un problema.

¿Qué pasa, qué ocurre? – le pregunté.

Me da un poco de pena decírtelo – dijo ella, mientras se mordía las uñas y me miraba con unos ojos que expresaban ternura y remordimiento a la vez.

Sabes que puedes decirme cualquier cosa, simplemente cuenta 5…4…3…2…1… y suéltalo.

Está bien – dijo ella.

Paulina tomo un respiro profundo, contó en cuenta regresiva hasta 1 y de pronto soltó las siete palabras que cualquier hombre temé escuchar, sobre todo antes de comenzar una cuarentena:

“No puedo dejar de bailar La Tusa”

Pero ¿de qué me estás hablando? Le pregunté asombrado.

“Se ha vuelto una adicción, voy al trabajo y quiero bailarla, voy al supermercado y quiero bailarla, voy a casa de tus padres y quiero bailarla” “no puedo más” “contrario a lo que dice la canción, lo último que quiero hacer es matarla”

Me quedé helado, sin embargo, actué rápidamente y fiel a mi instinto creía tener la solución.

Creo que tenemos un problema – dije. Querer salir a bailar ahorita es un suicido. El Covid se expande por todos lados y además los antros están cerrados, las bodas están pospuestas y las clases de zumba están únicamente en línea. Pero creo tener la solución a este problema.

Tomé de la mano a Paulina y nos dirigimos rápidamente a casa de Karol G, si, olvidé mencionarles que Karol G es nuestra amiga. Paulina es su fan número 1. Se sabe todas sus canciones, su historia, su discografía. Tiene su playera, su tasa y posters de ella en su cuarto. El año pasado en un concierto que realizó Karol en Tucson, Arizona logramos acercarnos a ella, ya que casualmente nos hospedamos en el mismo hotel que ella. Nos hicimos buenos amigos en el desayuno e intercambiamos números de celular.

Si Karol le dice que deje de bailar la Tusa, seguro lo hará – Pensé. Es la persona que más admira en su vida y a ella sí o sí le hará caso.

Llegamos a casa de Karol y nos recibió de muy buen humor. Después de unos minutos platicando en su sala le dije que quería pedirle un favor. Karol muy atenta accedió y me escuchó con atención. “Karol quería pedirte que le digas a Paulina que deje de bailar La Tusa, que ahorita no es el momento adecuado, ya que por temas de la cuarentena está arriesgando su vida cada que desea bailarla”. Karol terminó de escucharme sin hacer ningún gesto. Acto seguido, volteo lentamente su cabeza hacia Paulina y le dijo “Vuelve a tu casa y regresa en dos semanas”. Karol se paró y nos despidió hasta la puerta.

¿A caso Karol se habrá ofendido? ¿Actué muy impulsivo? No entendía la reacción de Karol y menos entendía por qué nos pedía volver en dos semanas.

Pasaron las dos semanas y puntualmente volvimos a casa de Karol. De nueva cuenta nos recibió de muy buen humor y después de unos minutos platicando, solté la pregunté.

“Bueno Karol, ya estamos aquí, ¿tienes algo que quieras decirle a Paulina?

Si – respondió. Giro lentamente su cabeza hacia Paulina, fijo su mirada con la de Paulina y le dijo en una voz muy calmada y articulada: “Paulina, tienes que dejar de bailar La Tusa, ahorita no es el momento adecuado, cada que la bailas o deseas bailarla estas poniendo tu vida en riesgo”.

Paulina escuchó con atención cada palara que salió de la boca de su ídolo. Tienes razón, tengo que dejar de bailarla y así lo haré.

Karol se paró y nos acompañó hasta la puerta. Le agradecí por su apoyo y justo antes de despedirnos le pregunté ¿Por qué nos has pedido que volvamos en dos semanas si finalmente le dijiste lo mismo que te había pedido en aquella ocasión?

“hace dos semanas, yo también estaba bailando La Tusa”

La realidad es que está historia, como podrán imaginarse, es ficticia. Sin embargo, el mensaje no lo es. Vivamos en congruencia.

Cuando enseñamos, aconsejamos o simplemente expresamos nuestras ideas, es muy importante que realmente así las vivamos. Seamos personas íntegras, donde lo que digamos esté en comunión con lo que pensamos y hacemos. Es una lucha diaria, constante, pero en la medida que la ganemos seremos personas de mayor integridad y nuestras palabras tomarán la importancia y validez que merecen.

*Historia inspirada en las enseñanzas de Gandhi.

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