Seamos Resilientes

Eran los 90s. Recuerdo por allá de tercero de primaria cuando llegaba de la escuela desesperado porque dieran las 4 de la tarde. Me sentaba en la mesa y comía apurado, como si eso fuera a adelantar el tiempo. Terminaba de comer y me quitaba ese uniforme con aquel peculiar olor a recreo. Me lavaba los dientes, eso si, me dejaba el bigote color rosa de aquella agua de Jamaica. Cogía el teléfono y marcaba al 030 para conocer la hora exacta.

“La hora exacta es: tres con veinte minutos” – repetía la contestadora automática del otro lado de la bocina, no sin antes chutarme un anuncio del Perro Bermudez anunciando los “cañonazos Faaamseeee”

Faltaban 40 minutos para las tan ansiadas 4 de la tarde.

Trataba de adelantar algo de tarea, que mas que hacerla por gusto lo hacia porque pasara el tiempo, pero una vez que se terminaba de abrir la Encarta ya eran las 3:50 y tenía que prepararme para mi cita de las 4.

Corría rápidamente a la cocina a buscar unas papitas o algún dulce mal parado. Me servía un vaso de alguna bebida que combinara con mi snack y me iba al televisor rápidamente a sintonizar el canal cinco.

3:55 empezaba a sentir la adrenalina en mi sangre.
3:57 Cositas terminaba sus manualidades y se despedía de los televidentes.
3:58 Empezaba a acelerarse mi pulso.
3:59 Comercial de servicio a la comunidad anunciando la búsqueda de una persona desaparecida en alguna delegación de la Ciudad de México.
4:00 Mi cara se acercaba más al televisor. No mi cuerpo, pero si mi cara, en esa posición de niño con la espalda erguida echada hacia enfrente.

Era el momento. En segundos, Freezer y Goku iban a estar en mi televisor para aquella batalla épica que tenía semanas esperando. Si, mi cita era con Dragon Ball Z.

De pronto comienza el intro de la caricatura. Raro, no mostraron el resumen de lo sucedido en capítulos anteriores, debe ser porque es un capitulo tan especial que no quieren perder el tiempo en eso – pensé. Las manos me sudaban y mis labios comenzaban casi en modo automático a cantar “chaaaaaala, etchaaalaa” (coro del Soundtrack). De pronto se termina el intro y el narrador (mismo narrador del anuncio de servicio a la comunidad) dice: “hoy presentamos: nace Goku”

¿QUÉ? ¿KHEESTAPASAAAAAANDAAAA? ¡¡¡VOLVIÓ A EMPEZAR DESDE EL PRINCIPIO!!! ¡DESDE EL CAPITULO 1!

El Canal 5 lo volvía a hacer.

El Canal 5, o mas bien, el pinche Canal 5, tenía una pésima, pésima costumbre empezar un caricatura desde cero así sin más. Sin previo aviso. De un día para otro.

En las caricaturas que los episodios no seguían una secuencia (Ej. Tom y Jerry) no había problema, ni cuenta te dabas, pero en Dragon Ball Z donde llevaban meses preparándote para esa batalla, era big deal.

Todavía con un pequeño rayo de esperanza al siguiente día volvías a sintonizarlo para asegurarte que no hubiera sido un error de programación. A todos nos puede pasar – pensaba. “Hoy presentamos: le cortan el cordón umbilical a Goku”.

Maldita sea.

Al tercer día bastaba con ver las caras del resto de tus compañeros en el salón de clases para saber que no había sido un error y tendríamos que esperar otros meses mas para la batalla entre Goku y Freezer.

Y así de simple, empezar otra vez de cero. Día a día.

Desconsolado por lo sucedido, con tal de despejar la mente de semejante situación, prendí el Nintendo 64 y comencé a jugar Mario Kart.

Invité a jugar a mi hermana y accedió. En aquel entonces por nuestras diferencias de edad, ella en secundaria y yo en primaria, no teníamos mucho en común pero curiosamente el Mario Kart era una de ellas. La verdad mi hermana no era muy buena (aunque hasta la ficha diga que si) pero me gustaba jugar con ella, era nuestro momento de convivencia.

Ya entrados en la última carrera del circuito, yo necesitaba quedar en primer o segundo lugar para asegurar el primer lugar general y ella en primero para simplemente restregármelo en la cara, porque ya sus puntos no le daban para el primer lugar general. La carrera comenzó y todo marchaba con normalidad. Ella a media tabla y yo en los primeros puestos sorteando bananas por doquier. Pasaron dos vueltas así, hasta que llegó “la vuelta final”. Yo montado en mi Hongito (Toad) era imparable y ella en su Yoshi era luchona. Faltaba una escasa media vuelta y yo iba cómodamente en el primer lugar. De pronto, veo que el Yoshi abajo en mi pantalla pasa por una caja de las que te daban poderes y saca el temor de los primero lugares, un caparazón azul.

cuadrito2

FUUUUUUUA, Yoshi lanza el caparazón azul.

Como mi ventaja era cómoda, el caparazón tardó unos momentos en llegar, mismos que hicieron que me acercara a unos escasos metros de la meta. Escucho el sonido del caparazón y solo trato de acelerar para alcanzar la meta antes del impacto.

P U M , impacto.

Salgo volando fuera de la pista. Para mi mala suerte, era la pista Arcoiris.

cuadro

Cuando la tortugita me resucita y me pone de nuevo en el mismo sitio donde me salí, a escasos metros de la meta, sigo aún en primer lugar. Apenas empezaba a acelerar cuando fum fum fum fum, Yoshi – Bowser – Peach – Mario me rebasan y cruzan la meta. Acto seguido cruzo la meta en quinto lugar.

Mi hermana suelta la carcajada y yo solo la veo sin saber si reír o llorar. Opto por reír y con una sonrisa incrédula le digo: bien jugado.

Obviamente vimos la ceremonia de premiación, para humillarme aún más, y cuando esta terminó ilusamente le pregunté: Hermana, ¿Quieres volver a jugar? Para cuando terminé la pregunta mi hermana ya estaba en su cuarto escuchando a Mercurio.

¿Saben que hice después de perder en Mario Kart? Volví a jugar (escuchando “chicas tururú” a lo lejos eso si)

y ¿saben que hice después de que volvió a empezar Dragon Ball? Lo volví a ver.

Si me lamenté, si me enojé, si perdí… pero no por mucho tiempo, rápidamente me encontraba otra vez viendo, otra vez jugando, otra vez intentándolo. Otra vez volviendo a empezar.

Y así es como debería de ser la vida misma. Un sin fin de comienzos.

En la vida y en los momentos difíciles, como lo son estos tiempos, estará lleno de canales 5 y de caparazones azules que te harán perder algo: un trabajo, un proyecto, una empresa, una relación, un ser querido.

Sin embargo, muchas veces, se trata solo de volver a empezar. Un episodio, una esquivada de banana, un día a la vez.

¿Sencillo? Ni de pedo. Y Se vale llorarlo y enojarse. Pero no se vale no volverlo a intentar.

Estoy seguro que casi todos tendremos durante o al final de la pandemia una situación en la que tengamos que volver a empezar. En la que algo o alguien nos saque del arcoíris. ¿y cómo la afrontamos? Simplemente volviendo a empezar. Volviendo a intentar.

Seamos Resilientes.

Ponte ese bigotito de Jamaica, súbete a tu Hongito (OJO no te lo fumes), sintoniza Chicas Tururú en la radio y comienza a acelerar. En lo que menos esperas estarás de nueva cuenta a metros de la meta y finalmente, SPOILER ALERT, venciendo a Freezer.

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