LIFE IS GOOD: NUNCA DEJES DE HACER LO QUE TE GUSTA

Cuando tenía alrededor de 14 años hicimos un viaje familiar por algunas ciudades de Estados Unidos y dentro de la ruta, hicimos una parada técnica en una ciudad no muy turística, Atlanta, Georgia. Fue una parada de un día para otro y simplemente fue para llevarme a ver a los Bravos de Atlanta, mi equipo favorito de béisbol de Grandes Ligas.

 

Verano 2005: Mi papá y yo en el Turner Field

Recientemente, y 16 años después volví, esta vez solo, a la ciudad de Atlanta. Luego les platicaré más sobre este viaje y la experiencia de viajar solo, pero lo importante fue que lo hice para ir a ver, de nueva cuenta, a mis amados Bravos, ahora a su nuevo estadio el cual estrenaron en 2017.

 

Septiembre 2019: en el SunTrust Park

Cuando entré al estadio, lo recorrí, entré obviamente a la tienda oficial y posteriormente me senté en mi lugar. ¡PLAY BALL! me volvieron muchos recuerdos de cómo empezó mi amor al béisbol y a específicamente a los Bravos. Recordé el viaje anterior donde mis padres me habían llevado exclusivamente a esa ciudad para ello. Me entró un poco de nostalgia, pero a la vez un sentimiento de orgullo de ahora poder auto-llevarme y disfrutar de nueva cuenta de ello, muchos años después. Justo estaba recordando y pensando todo esto cuando volteo a un costado y enseguida de mí una gorra, que pareciera hubiera estado olvidada ahí ya que estaba sobre un barandal donde no había nadie a su alrededor. La gorra parecía estar apuntando hacia mí. Una gorra color rojo, que más bien ya tenía una tonalidad rosa por el desgaste que tenía. La gorra era totalmente sólida, es decir sin texturas ni dibujos ni logos, y solo tenía una leyenda en el frente, la cual parecía estarme hablando: “Life is Good

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Me arrepiento de no haberle tomado foto, pero la gorra era MUY similar a esta solo que sin el círculo gris.

El día de ayer en el Estadio Sonora atrapé una pelota de foul después de varios años de estar cerquita de hacerlo. La realidad es que atrapar una pelota de foul en un estadio de béisbol como el Estadio Sonora no es gran cosa, incluso si te lo propusieras como objetivo, ubicándote en lugares estratégicos, y sobre todo en un juego donde no haya mucha gente, no es tan complicado de obtenerla.

Siempre ha llamado mi atención cuando una pelota sale de foul como todos intentan hacerse de ella, no importa la edad, la ubicación de los asientos, incluso hasta la velocidad que lleva; y una vez que se atrapa, la persona que lo logró, por lo general sonríe y festeja el haberla atrapado y salir del estadio con un nuevo souvenir.

El día de ayer no fui la excepción: me paré para buscar atraparla y una vez que la atrapé, sonreí y festejé. Me sentí un poco mal cuando empujé al niño al suelo, pero lo logré. Aaaa se crean.

La realidad es que el atrapar la pelota me hizo sentirme como aquel morrito emocionado de 5 años que sus papás llevaban todos los domingos a las 8 am a la liga infantil local a “jugar” un partido de béisbol, que más que jugar, como dijo la niña del video, “echábamos desmaye”.

El crack del béisbol en sus inicios

El atrapar la pelota me hizo recordar porque disfruto del béisbol. Disfruto verlo en la tele, escucharlo en la radio (ahora en el cel), practicarlo y claro, ir al estadio.

Desde que tengo uso de la razón disfruto de ello y desde entonces no he dejado de hacerlo. Fue amor a primera vista.

De vez en cuando por X o Y razón, me da flojera ir al estadio, o ver el juego en la tele o ir a jugar el partido que tengo ese día, pero una vez que estoy haciéndolo nunca me he arrepentido de haber ido, visto, jugado. ¿por qué? Porque es algo que disfruto hacer. Que desde pequeño lo he hecho y que cuando lo estoy viviendo me trae recuerdos y sentimientos que difícilmente encontraré en otras actividades.

Por ello, nunca dejes de hacer lo que te gusta.

Viaja solo y ve al equipo que te gusta. Sigue yendo al estadio y sigue buscando atrapar cada foul.

No olvides aquel hobbie que disfrutabas, aquella clase de baile que tomabas, aquellos comics que leías o aquél instrumento que tocabas. Pretextos transformados en actividades, hijos, tareas, estreses, siento decirte que siempre existirán, pero también siempre estarás a tiempo de retomar aquello que tanto disfrutabas.

Si lo sigues haciendo y no lo has dejado: felicidades;

Pero si no, retómalo, disfrútalo y cuando comiences a experimentar de nueva cuenta todas aquellas emociones que esa actividad te hace sentir, te acordarás de mí, o bueno más bien de aquella sabia gorra y pensarás: Life is good

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