Ir al Mundo Divertido

El fin de semana navegando en mis redes sociales me encontré con esta foto:

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¿Se acuerdan? Seguramente ustedes lectores hermosillenses que nacieron en los 80´s y 90´s sí: El Mundo Divertido

Nunca un lugar había tenido un nombre que describiera tan correctamente lo que ibas a encontrar si ingresabas, bueno, con excepción de “La Clínica de Colon, Recto y Ano” situada por allá de rumbos de la calle Heriberto Aja.

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Tengo que confesar que fue hasta hace poco que me enteré que el lugar había sido cambiado por un casino (que nuevas) y la forma de enterarme fue un poco abrupta.

Resulta que llegamos un amigo y yo a lo que creíamos aún era el Mundo Divertido. Entramos y lo primero que me llamó la atención fue ver tantas maquinitas, sonidos y luces pero pensé “bueno, probablemente son las nuevas arcades de hoy en día” en mis tiempos eran las del pegarle a los cocodrilos o el “boliche” que tenías que meter la bolita en los hoyitos, entre otros. Posteriormente el olor y humo a cigarro era muy fuerte pero igual pensé que alomejor ya los niños de hoy en día fuman cotidianamente, digo traen Iphones desde primero de primaria y ligan por tinder en el recreo, creo que pues no era tan erróneo suponer que los niños fumaban.  Comencé a tener mis dudas cuando voltea a mi alrededor y la población del lugar era: 0% niños, 99% señoras, 1% mi amigo. Estaba a punto de comentarle a mi amigo que creía esto ya no era el Mundo Divertido cuando ¡OOO SORPRESA! ¡AHÍ ESTABA PARADO FRENTE AMI!

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SAAAAURIIIII! – grité.

Y corrí a abrazarlo pero antes me ganó la costumbre de niño y fui a pegarle en la cola.

Después de un bolsaso y una buena cachetada confirmé que el Mundo Divertido ya no existía y que sobre todo ahí, ya no era divertido.

No pero ya hablando enserio el MD (Mundo Divertido) era un gran lugar: sus juegos, su casa del terror, su pista de patinaje, sus cajas de bateo (o más bien “su” caja de bateo porque siempre nomás servía una), golfito, trenesito, go karts, etc, etc. Todo esto era muy bonito pero la atracción principal y de lo que quiero recordarles el día de hoy es de su parque acuático.  Un lugar que sin duda marcó época en la capital sonorense.

El parque acuático del MD se dividía por edades: chicos, medianos y grandes = a Chapoteadero, Río Lento, Toboganes.

Todo comenzaba por El Chapoteadero, lugar donde experimentabas muchas primeras sensaciones: tu primer contacto con una alberca, tu primer contacto con un resbaladero acuático y claro, tu primera hipotermia.

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El agua era tan fría que dicen el Sauri era en un inicio color rosa pero quedó morado del congelamiento después de meterse un día al chapoteadero. Por cierto ¿Quién sería la o el huevón mente creativa detrás de Sauri? Yo me imaginó que el proceso para crearlo fue más o menos así:

  • A ver, algo que le guste a los niños…mmmmm…. Yase, ¡Barney!
  • Tomo a Barney como base, le pongo una cola, le deformo la cara un poquito y listo.
  • Habemus Sauri.

En fin, prosigamos después de esta interesante duda existencial.

Una vez que te aclimatabas y tu temperatura corporal alcanzaba los grados bajo cero comenzabas a caminar y conocerlo. Te encontrabas con hipopótamos gigantes, hongos gigantes y cascadas de agua. Una de esas cascadas de agua manejaba una presión de chorro impresionante, con decirles que ahí era donde se creaban las molleras de todos los niños. Yo le llamaba la cascada “enseña rayita” porque niño que se pusiera debajo de ella la potencia de esta hacia que se nos bajara un poco el traje de baño y enseñáramos nuestra infantil pero siempre chistosa y amena rayita.

Una vez que pasaban los años y alcanzabas la edad de apróx. 8-10 años estabas listo para pasar al Río Lento.

El RL (Río Lento) no era más que un circuito de agua que recorría todo el parque acuático y que como su nombre lo dice llevaba una corriente lenta la cual te empujaba en una dirección. Esta atracción se dividió en dos partes: A.D. y D.D.

A.D. (Antes de la Dona): eran los tiempos donde te dejaban ingresar con o sin dona, era tu decisión. Cuando entrabas sin dona la primera diversión era tratar de nadar y/o caminar contra la corriente, ésta al final siempre terminaba ganándote. Así mismo una de las atracciones de entrar sin dona era que cuando pasabas por atrás de los toboganes te podías subir a la bardita y meterte como a un “tras bambalinas” de donde estaban los toboganes. Realmente no tenía nada de atractivo ya que solamente era escuchar el ruido de máquinas pero era una especie de romper las reglas.

El RL A.D. me enseñó que tenía que escuchar y hacer caso a mi madre o la mamá y/o maestra que nos cuidaba. ¿Por qué? Porque me mostró, a la mala, que los calambres en la alberca despuesito de comer eran ciertos. Me metía y calambre automático. Cada que entraba me convertía en una especie de futbolista Argentino en el minuto 90 con el partido ganando, calambre instantáneo.

D.D. (Después de la Dona): llegó un momento donde el ingreso al RL era con dona obligatoriamente, quitándole la mayor parte de su diversión y haciéndolo un río para simplemente chorchear mientras dabas la vuelta.

Pero el RL D.D. tenía su razón de ser. No era obra de la casualidad que se hiciera obligatorio el uso de la dona.

  1. La primera causa me enseñó una lección: no siempre creas en lo que te dice tu madre o la mamá y/o maestra que te cuidaba. ¿Por qué? Porque aquel “calambre” que yo sentía instantáneamente al entrar al RL y que le echaba la culpa a mi cajita feliz que me acaba de atascar minutos antes, años más tarde entendí que no era un calambre. Este era una especie de toque eléctrico. El RL al usar un sistema para crear corriente, supongo yo, creaba alguna especia de electricidad con el agua y he ahí la respuesta a mis “calambres”. Incluso recuerdo en ciertos puntos del RL había una especie de hoyos que succionaban agua y pobre de ti se te ocurriera poner tu mano en esos hoyos por           que la fuerza de succión era demasiado fuerte, era como si la potencia del chorro de la cascada del chapoteadero lo invirtieran de fuerza de expulsión a fuerza de succión. Y el hoyo no se conformaba con succionarte tu alma si no también te daba un toque eléctrico digno del Juego de la Oca.
  2. La segunda causa y aquí le agradezco a los que tuvieron la idea de poner la dona obligatoria es que el RL conforme pasaban los años se turnaba cada vez más verde y lamoso. En sus últimos años lo que querías es que fuera el “Río Rápido” para dar la vuelta lo antes posible y salir de ese circuito de electricidad, lama y enfermedades. Con la dona obligatoria las enfermedades ya solamente te daban en las pompis en el círculo que se moja cuando te acuestas en la dona.

Por último y más importante: LOS TOBOGANES (Inserta música de nominación de Big Brother aquí)

Los toboganes era la carta fuerte del parque acuático. Se dividían en 3 niveles:

  • Miedosillo (Blanco)
  • Sigo siendo miedosillo pero voy mejorando (verde)
  • Bear Grills (negro) léase también Chuck Norris

El tobogán Blanco se caracterizaba por ser al aire libre (es decir sin techo), por ser el menos veloz y porque no podías subirte con dona. Este tobogán fue mi primera experiencia en una resbaladilla acuática de velocidad y también mi primera experiencia similar a entrar a un antro.

Llegabas tus tres amigos y tú a la entrada del tobogán después de subir la montaña de escalones de madera (hasta la fecha tengo una astilla enterrada en el pie gracias a esos malditos escalones) y te formabas en la fila. Desde antes de llegar al final de la fila empezabas a gritarle al cadenero:

  • Ei, Popeye, ei, somos 4

Una vez que llegabas al final de la fila pasaba lo siguiente:

  • Yo: somos 4
  • Popeye: no pueden entrar con la cheve (la dona)
  • Y: ¿ni por qué la cargué como 300 escalones?
  • P: No
  • Y: ok, somos 4 ¿Tienes alguna promoción? (osease nos podemos tirar de trenesito?)
  • P: No no hay promoción. ID´s porfavor (osea pónganse ahí parados de espalda a ver si dan la estatura)
  • P: ok bien, déjame checo si ya pueden pasar (llamaba por el walkie talkie)
  • P: Ok ya se puede, pero tienen que pasar de uno por uno

Acto siguiente te volteabas con tus amigos y decías en voz baja:

  • Y: vamos entrando uno por uno pero nos esperamos en la entrada hasta que pase el último.

Esto obviamente para hacer el trenesito. Esperabas a tus amigos metros adelante donde la vista de Popeye no alcanzara a ver, aferrándote con manos y pies a la orilla del tobogán. Ya que llegaban cada uno de tus amigos felices los cuatro bajabas en trenesito. Caías en una alberca no muy profunda donde terminaban los tres toboganes. Ponías un pie fuera de la alberca y ya estaba parado el wei del otro lado del walkie talkie para regañarte que no se pueden tirar así.

Años más tarde y con más valor y confianza pasabas al segundo tobogán: El Verde.

Este tobogán se caracterizaba porque ya podías tirarte con dona, por ser más veloz que el blanco, por ser cerrado (es decir ya no era al aire libre), pero más allá de estas particularidades, se caracterizaba por 2 cosas en especial:

  1. La primera era por ser el lugar más sofocado de la ciudad, claro después de Catedral en verano con el aire acondicionado apagado. Entrabas al tobogán y te daba claustrofobia instantánea, lo que ya querías es que se terminara el viaje para poder respirar de nueva cuenta. Con decirte que cuenta la leyenda que El Sauri era rosa pero después de subirse al tobogán verde salió morado de la asfixia. A todo esto súmale también un peculiar aroma a pelotitas del Mcdonalds que hacían que tu viaje fuera poco placentero.
  2. No contentos con sofocarte los creadores de este tobogán diseñaron una forma de hacer aún peor tu experiencia. No sé si era parte del plan o lo armaron mal pero las uniones de las piezas del tobogán hacían que cada unión las sintieras en tu espalda como un pellizco. Podías jugar a contar cuántas uniones tiene el tobogán. Salías de tobogán asfixiado y con la espalda como mujer que no se puso bien el bloqueador al asolearse.

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Para que me entiendas: tu espalda experimentaba lo que tus llantas (no tus lonjas) sienten al pasar por el puente ubicado en Luis Encinas y Solidaridad, vas votando en cada unión.

Años después, ya con una confianza muy elevada afrontabas el reto del tercer y último tobogán: El Negro.

El tobogán donde los niños se hacían hombres. Los niños que se subían al tobogán negro son los mismos que entran –sin miedo, a plena luz del día, sin temor a que alguien lo vea – a la Clínica de Colon, Recto y Ano.

Este tobogán se caracterizaba por ser cerrado, más veloz que los dos anteriores, podías subir con o sin dona, algo asfixiante también (no tanto como el verde), pero sobre todo por ser a obscuras. No veías nada durante todo el recorrido. Si mal no recuerdo había partes del tobogán que  tenían calcomanías o algo que le creaba un brillo o una poca luz pero realmente era mínimo y solo era en ciertas partes del trayecto.

La peculiaridad que tenía este tobogán es que podía parecer un recorrido sin mayor problema: respirabas bien, las uniones no te pellizcaban como las del verde, no corrías el riesgo de salir volando como en el tobogán blanco sin techo, etc. pero de pronto eso cambiaba. Ibas en el tobogán a toda velocidad cuando de repente y sin previo aviso te estampabas con un sholo que haciendo el daño se paraba a medio tobogán. Al ir totalmente a obscuras no sabías que el sholo estaba ahí esperándote para hacerte la maldad y por ende no tenías ni oportunidad de prepárate para el fregaso. Terminabas el trayecto algo enojado y cuando empezabas a ver la luz al final del túnel ya querías llegar para encarar al sholo. Caías en la alberca y te levantabas rápidamente para ver quién era el irresponsable y para tu sorpresa era un adolescente con mustacho de bello y tirahueso blanca. Lo veías fijamente por unos segundos y acto seguido acudías al bato del Walkie Talkie para acusarlo. Tonto no eras.

Y así fue como muchos de nosotros crecimos en este bello lugar, un lugar, como te pudiste dar cuenta, donde se vivían las emociones al límite: agua CONGELADA, aire ASFIXIANTE, electricidad CORTOCIRCUITO, diversión AL MÁXIMO.

Esperemos que los hijos de nosotros los millenials cuenten en su momento con algún centro de diversión como lo era El Mundo Divertido.

Al final del día sabías que habías ido al Mundo Divertido cuando al salirte de bañar y antes de acostarte veías tu brazo engangrenado  por lo apretado  que te pusieron la pulsera de admisión. Tu brazo que era de color piel rosita con eso se volvió morado.

Si, como El Sauri.

7 comentarios en “Ir al Mundo Divertido

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