El shakiro que llevas dentro

¿Y por qué no? Fue lo que pasó por mi cabeza antes de “subirme al escenario” a cantar.

Me encontraba en la postboda (torna) de mi hermana y el vocalista del grupo que amenizaba el evento hizo una invitación abierta a cualquier valiente de los presentes a cantar una canción con ellos.

  • YO – dije.

Puede sonar como algo simple y sin mucha importancia pero para mí y para los que me conocen no lo era ¿Por qué? Porque mas allá de no ser entonado ni bueno para cantar no soy el tipo de persona (o personalidad) que se anime a hacer esas cosas.

Hasta la fecha no sabría decir con exactitud que fue lo que me motivó a decir yo, pararme y subirme a cantar pero lo que sí recuerdo muy bien fue la cara de extrañados de mis familiares, amigos, amigas de mi hermana y demás mientras caminaba al micrófono.

Se lo que estas suponiendo y no, no fue el alcohol, no había consumido ni una gota. Digamos me encontraba algo indispuesto por la boda del día anterior.

¿Queeeee? ¿El tatan (mi apodo)? ¿Si va enserio? Alcanzaba a escuchar en forma de murmullos mientras me ponía de acuerdo con los del grupo para qué canción iba a entonar. El grupo comenzó a tocar y posteriormente yo a cantar.

Hice una imitación de Shakira.

Si me conoces, gracias, se lo que estas pensando pero increíblemente el parecido no era por mi pequeña cintura si no por la voz. Realmente no hago una imitación tan buena (como esas que salieron en Youtube hace algunos años) pero tampoco es tan mala para que no le encuentres ni un tantito el parecido. El punto es que sobreviví, logre hacer reír a uno que otro invitado, apenarse a uno que otro familiar pero al final todo valió la pena porque Alejandro Sanz volteo su silla y me escogió en su equipo, esa es otra historia, pero si al final hasta algunos aplausos me llevé.

¿Y qué fue lo que hice? Salir de mi zona de confort.

Fue algo simple y de poca relevancia, pero son ese tipo de pasos hormiga los que poco a poco te llevan a salir de la comodidad de lo conocido. Quien sabe pero igual y eso fue el comienzo de lo que me tiene escribiendo esto lejos de mi casa, de mi gente, de las comodidades del hogar y lo conocido.

Sal de tu zona, en la medida que puedas según tus necesidades, responsabilidades y prioridades.

Sal de tu zona, toma riesgos que te hagan sentir nervioso, sudoroso e incomodo.

Sal de tu zona, que te duela el estomago y te entre el insomnio.

Toma retos grandes, que te asusten pero te motiven, que te hagan llegar exhausto a casa pero te hagan irte a la cama satisfecha y orgullosa.

Bien decía mi jefe “cuando a las personas les pones la bara muy alta pero con la correcta motivación te sorprenderá lo que pueden llegar a hacer”

Toma proyectos y trabajos difíciles que te hagan aprender: preguntando, leyendo, haciendo, a golpes y caídas.

Toma riesgos y equivócate. Se vale, pero aprende y no cometas los mismos errores una y otra vez.

Toma riesgos y como dice el pensador: si sales ganador serás más feliz, si sales perdedor serás más sabio.

Sal de la rutina y has algo distinto.

Nunca estarás listo y 100% convencido para tomar aquella decisión que te asusta pero lo que se siente y suena bien, estará bien.

No te pido que siempre midas que tan profundo es el río con los dos pies pero de vez en cuando quítate los zapatos, de pies descalzos échate un clavado y saca el Shakiro que llevas dentro.

CA3

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